Libro "Hotel de Arraigo": mi opinión

Yo no hago reseñas de libros, pero en este caso haré una excepción.

Escribo el presente con dos cosas que me bailan en la cabeza de forma insistente: Uno. Pienso que debería de estar escribiendo esta entrada para el blog en la máquina de escribir. En lo que a mi respecta, es el punto que conecta mi pasado analógico con mi intensión de no estar peleado con la tecnología (excepto con la que te adormece el alma y te entume el cerebro, como ya lo mencioné en otra ocasión.) Dos. Se reproduce en mi radio (análogo, obvio) la canción “I jus died in your arms tonight”, lo que me hace recordar de forma invariable a Lesley Fernanda. Es nuestra canción. Ella ya no está aquí, pero sé que seguiremos conectados y en contacto, de una manera u otra. Si no es en esta vida, será en la siguiente. No tengo la menor duda de ello.

Bueno, basta de tanto chorizo y entrémosle a la maciza.

El librejo que me hace vomitar lo que estoy escribiendo y a la vez es la razón por la que debo sacarme toda esta mierda en forma de bilis y verborrea barata, es la chingadera que lleva por nombre “Hotel de Arraigo”, de Imanol Caneyada.

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Yo no conozco a este cabrón, y después de leer… esto, no tengo ninguna intención de desperdiciar mi energía vital en esa fútil y vacua empresa… Salaverga…

¿Y que tiene la historia, o carece de; que me haga querer mandarla a chspm envuelta en pasta hojaldre? (Del autor no diré nada, puede o no ser mala persona y además de que no lo conozco -ni quiero-, esta entrada trata de un libro en particular, que ni siquiera de todo su trabajo o parte de él. Dicho lo dicho, continúo.)

Haciendo por un momento de lado el hecho de que:

  • Este puto tabique tiene más de 300 páginas,
  • Que el autor hace varios “King” -en honor al maestro Stephen King- (poner lineas interminables de texto aburrido que no va a ninguna puta parte y que si se quitaran de la trama la “velocidad” de la historia no sufriría variación alguna en su desarrollo -pero de manera irremediable, la longitud final del texto en palabras no llegaría al mínimo establecido, por lo que el cabrón autor debería de regresar el anticipo que le dieron-),
  • Que deberían de quemar en aceite hirviendo al puto editor que autorizó enviar esta mierda a la imprenta,
  • Que quedan chingo de arcos argumentales sin cerrar (así como preguntas sin respuesta con respecto a la trama),
  • Que hay escenas de sexo que no tienen sexo (¿entonces para que vergas las pusieron?),
  • Que el punto en común de las dos historias que se entrelazan y dan origen a este mamotreto se da a escasas hojas del final,
  • Que es innegable el hecho de que Bernardo Fernández “Bef” metió la mano en los diálogos de los personajes (tienen su inconfundible tufo rancio de “soy un personaje bien macho -aunque sea una chica- y tengo que expresarme con palabras altisonantes en cada 11 de 10 palabras y con una actitud pedera vale verga, para que vean que soy bien cabrón”),
  • Que me hice de esta mierda en una feria de remate de libros, en donde los ejemplares que no se vendieron en “x” tiempo van a parar ahí, antes de ser desechados a las trituradoras y del cual, pagué con doble descuento (así de chingón debió de haberle ido en sus ventas para que la editorial decidiera acabar con su existencia dándolo a precio de costo o con pérdida -a saber-);
Si pasamos todo lo anterior de largo, debo reconocer que la obra es un excelente soporífero, en caso de que sufras de insomnio (algo bueno tuvo la chingadera, después de todo.)


En lo que a mi respecta, escribo el presente evitando hacer un King, poniendo en práctica la filosofía y el manifiesto In Media Res de este blog. Salaverga.