Como violar mentes en la era de las redes sociales

Te lo dije muchas veces desde que te conozco, tantas ya, que he perdido la cuenta: esa cosa tuya que puedes hacer, proyectarte o meterte en los pensamientos de los demás o lo que demonios sea, te acarrearía consecuencias inesperadas. Para todos, tú incluido, pero no te importó. A todas luces fue mala idea que te dejaras influenciar de la manera en que lo hiciste por ese pseudo gurú hippie en ese retiro de mierda con esa zorra que tú llamas “mi chica”: las jeringas, su cuerpo vendido al mejor postor por más dosis… ¿Nunca te importó que se denigrara de esa manera para satisfacerte, a pesar de todo? ¿Ni siquiera cuando se te gangrenó la entrepierna y te negabas a la extirpación, so pena de perder la vida? Pero nunca me creíste. Y como si eso no fuera poco, te arrastró al abismo. Y me temo que ahora es demasiado tarde para poder, ya no digas rescatarte; hacerte regresar de ese mal viaje perpetuo en el que se ha convertido tu vida.

***

No necesito más que pensar en la chica a quien quiero invadir su mente y ya está. Es todo. No necesito hacer más. Solo me proyecto en ella y lo demás fluye. En mi mente, puedo ver lo que ella ve. En ese sentido, no tengo otro tipo de “confirmación” de estar “enlazado” a ella; y la verdad, no necesito más. No siento lo que siente, ni tengo acceso a sus pensamientos. Y eso está bien, pues no lo necesito. Poder ver su reacción a la distancia, es lo más estimulante y excitante que me ha pasado jamás.
Te doy un ejemplo.

Los ví a los dos

Por Javier Pedroza. 

Los vi a los dos
De lejos
Era imposible no hacerlo 
Ella, bella
Cómo una estrella 
Radiante
Fugaz
Total 
Vestida de blanco 
Con su piel morena
Y melena rizada

Su blusa blanca
Sin mangas 
Una visión 
Embriagante 
En este mar
Indecente y decadente
Que no se va a acabar.

Pero por alguna razón
El dios Eros me favoreció 
Y tal cual me mostró 
La silueta de su sujetador.

Por alguna razón 
Las marcas de esa prenda
En la ropa femenina 
Tienen en mi
Un efecto afrodisíaco 
Inmediato 
Irrefrenable 
Inenarrable 
Por completo inefable.

De inmediato
Identifiqué a ese pícaro 
Un brassiere plunge
Envolviendo a un par
De bellas razones 
Para poder amar 
Besar y acariciar 
Toda la noche. 

Toda la noche, maldita sea.

Batalla

La batalla es encarnizada. Hay cuerpos de ambos bandos esparcidos por todo el campo de batalla. Los cañones de la artillería rugen con la violencia del león al despedazar a su presa, repartiendo muerte y destrucción a partes iguales. La tierra se cimbra y… ¿rocas y arena del suelo se elevan hacia el firmamento?..
-¡Mamá! -grita la chica a su progenitora mientras un soldadito de plástico es engullido por el tubo de vacío-. ¿Por qué la aspiradora hace ruido de metralleta? Y, ¿de dónde viene ésta marca?... ¿”La Aniquiladora”? Debe de ser rusa… Con razón nos deshicimos de la alemana… ¡Mira! Un lego mojado decapitado del USS Arizona… “Made in Japan”, según el fabricante.
-Dice aquí que tiene modo napalm -murmura la madre, leyendo el manual-. No usar en alfombras persas o vietnamitas (a menos que sean del bando enemigo). Altamente inflamable. Hecho en Auschwitz. Certificado por la SS. Garantía por mil años. Incluye suministro de gas.
-Mamá, ¿esto no lo prohibió la Convención de Ginebra?
-Calla, niña, que limpia hasta el Zyklon B. Pero malas noticias. No incluye fósforos.

 

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No solo las producciones actuales de música no tienen "alma". Tampoco las audio visuales basadas en libros

Vámonos rapidito, in media res; porque me cagan los prólogos kilométricos y el contexto de medio libro para entender la historia (¡Hola, Stephen King!)

La música actual no tiene alma. Punto. Entendible, tomando en cuenta que en la actualidad se maximiza lo viral, los likes y lo efímero. No es un secreto que en la actualidad, quien tiene más de cinco segundos de retención y comprensión es la excepción a la regla (gracias, puto TikTok. Yo no lo consumo, por lo que me vale cinco kilos de clítoris, pero pobres de los weyes que sí. Que con su pan se lo coman).

Atrás quedaron los tiempos en donde la música se hacía con amor y cariño, amén de inteligencia, en el sentido de que debido a las "limitaciones" de la época, se tenían que realizar giras mundiales que podían durar años. Literal. Y durante todo ese tiempo, se daba a conocer a las masas la obra en turno. Esa es la razón por la que la música pre internet no solo suena tan bien, sino que ha demostrado ser perenne y estar viva. Tiene "alma". Tenía que hacerse música original, que resistiera el paso del tiempo, en lugar de hacer producciones “virales” -cómo me caga esa puta palabra- que durasen la víspera para pasar a lo siguiente cinco minutos después (gracias puto TikTok.)

De alguna manera, la música de “antes” se ha conservado como los buenos vinos a través del tiempo. Es la razón por la que el vox populi dice que aquella música "era" (es) mejor que la actual. Y razón no le falta. Pues bueno, lo mismo sucede con las obras audiovisuales (y no me refiero al puto TikTok, YouTube ni ninguna de esas madres. Qué sí, pero no hablaré de ellas ahora. Ni nunca).

Para muestra, un botón. Dos, de hecho.
L.A. Confidential, de James Ellroy, y Chad Powers, de... sepa la madre quién, pero si lo pasan en Disney Plus, bueno, independientemente del autor, sabemos quién se beneficia.

¿Por qué sigo escribiendo en máquina de escribir en pleno siglo XXI?

La respuesta corta: por mis güevos y porque puedo y quiero. Punto alv.
Pero si quieres más detalles, entonces, hablemos de guerra (chiste local).

Nací, literalmente, en el siglo y milenio pasado. Formo parte de la poderosísima generación X. Somos unos pinches terreneitors. Somos a prueba de ansiedad causada por la adicción —pendeja— al celular y demás aplicaciones. Tenemos el privilegio de saber qué es, en verdad, estar aburrido, no las mamadas de ahora. Cultivamos y acrecentamos la paciencia. Resiliencia es la palabra que, en mi opinión, define a esta generación. Tuvimos que aprender solos, tuvimos que aprender a ser pragmáticos. TENEMOS CAPACIDAD DE RETENCIÓN, ATENCIÓN Y COMPRENSIÓN MÁS ALLÁ DE LOS 10 SEGUNDOS QUE DICTA EL ALGORITMO EN TURNO, cosa que muchos weyes de hoy día, no solo no pueden hacer. Son incapaces, en el sentido estricto de la palabra, de llevarlo a cabo.
Y no lo digo yo. Hay ingente cantidad de información —lloriqueos— al respecto en línea. Somos artífices de la planeación, creación, implementación, puesta a punto y arreglo de toooda la tecnología que hoy hace sufrir a los “entendidos”… Somos la última generación que nació, creció y vivió varios años de forma análoga.

Pero esta entrada no trata de los X ni de esa gloriosa época. Pero es necesario algo de contexto. En este caso, el tema que nos ocupa no puede, ni debe, ser abordado In Media Res. Pero tampoco es menester pasarse de verga y hacer un King. El contexto es la salsa, no la puta carne. Hay que dosificarla.

Libro "Hotel de Arraigo": mi opinión

Yo no hago reseñas de libros, pero en este caso haré una excepción.

Escribo el presente con dos cosas que me bailan en la cabeza de forma insistente: Uno. Pienso que debería de estar escribiendo esta entrada para el blog en la máquina de escribir. En lo que a mi respecta, es el punto que conecta mi pasado analógico con mi intensión de no estar peleado con la tecnología (excepto con la que te adormece el alma y te entume el cerebro, como ya lo mencioné en otra ocasión.) Dos. Se reproduce en mi radio (análogo, obvio) la canción “I jus died in your arms tonight”, lo que me hace recordar de forma invariable a Lesley Fernanda. Es nuestra canción. Ella ya no está aquí, pero sé que seguiremos conectados y en contacto, de una manera u otra. Si no es en esta vida, será en la siguiente. No tengo la menor duda de ello.

Bueno, basta de tanto chorizo y entrémosle a la maciza.

El librejo que me hace vomitar lo que estoy escribiendo y a la vez es la razón por la que debo sacarme toda esta mierda en forma de bilis y verborrea barata, es la chingadera que lleva por nombre “Hotel de Arraigo”, de Imanol Caneyada.

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Yo no conozco a este cabrón, y después de leer… esto, no tengo ninguna intención de desperdiciar mi energía vital en esa fútil y vacua empresa… Salaverga…

Cronos

Cronos llegó a mi puerta, entró, se acomodó y se despatarró; ahí, en ese justo momento.

-¿Qué haces aquí? -le espeté-. Este lugar es mio y no tengo tiempo que perder.
-No puedes perder lo que no es tuyo -me respondió con la voz más suave y melodiosa que he escuchado jamás-. El tiempo es mío. TODO. Sólo te lo presto...
-¡Vete de mi vida! -exclamé.
-Es imposible. Estoy en todos lados a la misma vez. Yo SI tengo todo el tiempo del mundo...

 

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