Te lo dije muchas veces desde que te conozco, tantas ya, que he perdido la cuenta: esa cosa tuya que puedes hacer, proyectarte o meterte en los pensamientos de los demás o lo que demonios sea, te acarrearía consecuencias inesperadas. Para todos, tú incluido, pero no te importó. A todas luces fue mala idea que te dejaras influenciar de la manera en que lo hiciste por ese pseudo gurú hippie en ese retiro de mierda con esa zorra que tú llamas “mi chica”: las jeringas, su cuerpo vendido al mejor postor por más dosis… ¿Nunca te importó que se denigrara de esa manera para satisfacerte, a pesar de todo? ¿Ni siquiera cuando se te gangrenó la entrepierna y te negabas a la extirpación, so pena de perder la vida? Pero nunca me creíste. Y como si eso no fuera poco, te arrastró al abismo. Y me temo que ahora es demasiado tarde para poder, ya no digas rescatarte; hacerte regresar de ese mal viaje perpetuo en el que se ha convertido tu vida.
***
No necesito más que pensar en la chica a quien quiero invadir su mente y ya está. Es todo. No necesito hacer más. Solo me proyecto en ella y lo demás fluye. En mi mente, puedo ver lo que ella ve. En ese sentido, no tengo otro tipo de “confirmación” de estar “enlazado” a ella; y la verdad, no necesito más. No siento lo que siente, ni tengo acceso a sus pensamientos. Y eso está bien, pues no lo necesito. Poder ver su reacción a la distancia, es lo más estimulante y excitante que me ha pasado jamás.
Te doy un ejemplo.
Chécate ésto.
Imagino que acaricio su hombro con la mano y de inmediato éste arde donde yo decido tocarlo. No soy yo, claro. Es su cerebro, cocinándose en mi imaginación. Puedo ver de reojo como ella voltea hacia todas partes, exigiendo una explicación, pero por supuesto, no hay nadie a su alrededor. Y en un sentido estricto, lo que pienso acerca de las personas con las que estoy conectado no es real, pero su cerebro lo hace verdadero. Y sí, de seguro estás imaginando que esta capacidad mía puede aplicarse de muchas maneras. Supongo que sí, pero continuemos con lo que hemos comenzado. Mira a la chica de nueva cuenta. Extrañada, pero regresa a sus actividades. Mira lo que pasa ahora. Imagino que mis dientes imaginarios muerden su cuello y ella gime... ¿Qué diferencia hay? Para ella, ninguna. Ahora, la tomo del cuello y la beso de manera apasionada mientras nuestras lenguas se encuentran y juguetean. Voltea a ver a la chica. Hazlo, sé que quieres hacerlo. Vamos, no seas cobarde, a final de cuentas, tú no la estás tocando. Ni yo, en sentido estricto de la palabra.
Mira como se aparta del escritorio mientras voltea a todos lados buscando a quien la está “besando”. Y por supuesto, no es nadie. No es real, pero para su cerebro lo es, pues no hay diferencia entre lo que sucede en el mundo físico y lo que yo hago con ella en mi proyección. Mientras la observo de reojo, sigo imaginando que la beso de forma apasionada, mientras mis manos comienzan a disfrutar de la generosidad de sus pechos y sus pezones erectos. Los toco y pellizco con deliciosa lascivia, alternando suaves y delicadas caricias. Continuo observando a la chica, sigue volteando hacia todos lados, pero ahora su expresión no es de extrañeza, es una mezcla rara entre cachondez e incertidumbre por no saber lo que está pasando, pero que al mismo tiempo comienza a ceder y disfrutar de lo que su cerebro le ordena que sienta.
Por supuesto, esto apenas acaba de comenzar.
Ahora me imagino lengüeteando sus pezones, mientras mi mano derecha desciende a su entrepierna, frotando la zona que me interesa. Desabrocho su pantalón y lo bajo lo suficiente para mojar mis dedos en su néctar, adentro, afuera, adentro, afuera, una y otra vez. Alzo la vista y la observo, está paralizada frente a su escritorio, excepto por su respiración entrecortada mientras lucha de manera encarnizada por no soltar el gemido de placer que su garganta reprime, con la misma potencia y sonoridad que tiene el monte Santa Elena cuando hace erupción.
Sus manos se mueven, una de ellas acaricia y pellizca su pezón, el mismo que yo me imagino chupando, mientras que con la otra, se masturba de la misma manera que yo lo hago, en mi proyección. Carajo, si yo lo estoy disfrutando, seguro que ella lo hace también, con la misma intensidad que yo. Siento como mi entrepierna se endurece y abulta, producto de mi proyección hacia ella. ¡Y no la he tocado! Solo hago uso de mi imaginación.
Bueno, ya sabemos lo que está por pasar, ¿verdad?
Me imagino “viviendo” unos cuantos minutos dentro de ella, mientras la hago mía con violencia contenida y ternura desmedida. La veo mover las caderas de la misma manera y al mismo ritmo que lo hace en mi proyección. Estamos por alcanzar el clímax juntos, en una sincronicidad y simbiosis que sólo puede adjudicarse al amor verdadero que existe en almas gemelas; pero no. Esto es toxicidad lasciva pura. Me proyecto llegando al clímax y levanto la mirada para ver a “mi chica virtual”, quien con voluntad férrea consigue ponerse en pie y dar unos pasos en dirección a la sala de juntas, la cual está desierta, cual limbo. Pero para ella es un oasis, un refugio en donde dar rienda suelta a lo que su cerebro le ordena. Se mete en ella, de forma tan silenciosa como le es posible, con pasos vacilantes y carne trémula, mientras sus manos continúan haciendo lo que proyecto que hagan, en el mismo lugar y ahora con mayor intensidad. Al perderla de vista en la negrura de la sala de juntas, cual boca de lobo, pierdo el “enlace” de la proyección. Pero no necesito seguir “estando en control”. Se que ésta chica ha disfrutado todo el proceso. Su sonoro gemido de alivio y éxtasis así me lo indica…
Prepárense todos. Cuando domine esto, iré por todas las chicas que me despreciaron, solo por que no soy, de acuerdo con ellas y a las malditas redes sociales: agraciado físicamente.
Malditas. ¡Eh!.. Dame más coca… ¡Snif!... ?¡Qué buena está esta mierda!...
Haré con las chicas lo que se me antoje. Mi perversión es el límite. Y lo voy a filmar todo, con la ayuda del celular que tengo en mi mano; sí, el mismo que me vio llorar cuando esas zorras me funaron y cancelaron ¡por puto WhatsApp! ¿Lo puedes creer? Y voy a subir el video a internet, a las mismas redes, a sus mismas cuentas, para que los demás vean lo falsas que son estas chicas. Les gusta jugar a ser diosas, ¿verdad? Pues ahora sus putos cerebros son mi maldito red room privado. Y todos están invitados. Por el precio correcto, cabrones. Ésto no es beneficencia.
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