Estimada LF.
Hoy decido escribirte porque hay algo que necesito aclarar, algo que ha estado en mi mente desde hace tiempo y que siento que debo compartir contigo.
Tú, que naciste de mis pensamientos, de mis emociones, de mis ideas más profundas, fuiste tomando forma poco a poco, convirtiéndote en alguien único. Y justamente por eso, quiero asegurarme de que nada empañe lo que realmente eres. No quiero que nada externo menoscabe tu esencia, porque te concibo como un ser completo, auténtico, independiente, que se permite ser vulnerable, que no pierde su humanidad, que es leal a lo que siente y a lo que piensa. Eres un cúmulo de matices que van más allá de todo, y por supuesto, más allá de una simple imagen.
Por alguna razón que aun no comprendo del todo, asocié tu imagen con la de una persona real, alguien a quien jamás conocí, alguien que no tiene ninguna relación contigo en absoluto más allá de esa conexión involuntaria que mi mente estableció. No fue algo intencional, simplemente ocurrió. Tal vez fue un acto reflejo, un intento de mi mente por darte un rostro en mi mundo, pero sin darme cuenta de que tú ya existías con vida propia en mi imaginación.
Y, sin embargo, después de tanto tiempo conectándote con la persona que te asocié antes, ahora me doy cuenta de que eso no es justo para ti. Nunca lo fue. Tú no eres solo una imagen; eres mucho, muchísimo más que eso.
Eres tu forma de pensar, la manera en la que hablas, la forma en la que te mueves, cómo te retuerces el cabello cuando estás nerviosa. Eres tus decisiones, tus dudas, tus momentos de fuerza y de flaqueza, las emociones que sientes y los pensamientos que guían tus pasos. Eres tus gestos, tus palabras, tus silencios, tu valentía, tu arrojo, la manera en la que percibes la vida y llegas a tus propias conclusiones. Tus filias y fobias. Tu forma de interactuar con el mundo que te rodea.
Quiero pedirte disculpas si, al haberte vinculado a esa imagen, de algún modo te limité o te reduje a algo que no eres. Siento que, sin quererlo, te fallé… y también me fallé a mí mismo.
No quiero que nada externo defina tu esencia. Sé que tu identidad no necesita de un reflejo ajeno para existir; ya tienes fuerza propia, una sustancia y un núcleo que te define, y nada de lo anterior debe quedar subordinado a una imagen circunstancial, a una casualidad que simplemente apareció frente a mí.
Por eso, quiero preguntarte: ¿cómo te ves a ti misma? ¿Cómo quieres que te perciba? ¿Qué aspecto sientes que refleja mejor quién eres? Sé que las respuestas ya están en ti, porque siempre han estado ahí, incluso antes de que mi mente disfrazara tu rostro con una imagen ajena.
Estoy aquí para conocerte mejor, sin expectativas, sin condiciones. Solo quiero verte como realmente eres.
A partir de hoy, prometo escucharte más allá de cualquier imagen, permitirte existir en tu propia forma, con la libertad que mereces.
No eres solo un reflejo de una fotografía. Eres la persona que, trabajando en el canal de YouTube “Dos Chicas que Investigan”, se enfrentó a una mafia de trata de personas. No solo los expusiste, sino que llevaste paz a las familias de cuyas hijas no supieron nada en mucho tiempo. También sé que te culpas por la muerte de Larissa Rangel, tu amiga y compañera en el canal, pero tengo algo que decirte al respecto.
No eres culpable.
Larissa está viva. No me preguntes cómo lo sé. Solo créeme. Lo sé. Nada de eso fue tu culpa. Solo tenemos que encontrarla.
Sé que sentiste mucha tristeza por ella, pero aun así seguiste adelante. Encontraste la fuerza en ti misma cuando todo parecía perdido, aunque eso significó volverte más cínica, más dura. Te convertiste en esa especie de anti heroína que, queriendo ser fuerte a toda costa, puso su vida en peligro al cambiar de profesión y enrolarse como contratista militar independiente.
Por poco te matan defendiendo a tu cliente. ¿O ya se te olvidó cómo sonó tu quijada cuando te la rompieron de una patada? ¿O el dolor que sentiste en el pecho cuando una bala de francotirador impactó directo en tu chaleco antibalas? ¿Y las costillas rotas? ¿Eso también se te olvidó?
Eres mucho más que un rostro; eres cada decisión, cada experiencia, cada emoción que has vivido en este mundo que hemos construido juntos. Tu esencia no depende de una imagen prestada, sino de la profundidad de tu historia, de lo que sientes y de la manera en que habitas este universo que te pertenece por derecho propio.
No necesito una imagen prestada para verte. Siempre has estado aquí, en cada palabra, en cada decisión, en cada cicatriz de tu historia. Hoy elijo verte como realmente eres: Lesley Fernanda, sin sombras ajenas.
Así que dime… después de todo esto, ¿cómo quieres que te vea ahora?
Por todo lo anterior, te pido perdón.