-¿Función de media noche, a las tres de la mañana… en el viejo cine abandonado? ¡¿Y con esas tarifas?! -piensa el tipo que trabajó como proyeccionista en los 90s, reconociendo el viejo cartel de “Viernes 13” aún visible en la fachada, al regresar a su casa de madrugada después de una brutal francachela-. El nuevo dueño tuvo que haber movido varias influencias para detener su demolición.
A la mañana siguiente en el noticiero matutino, una primicia inunda los encabezados al mismo tiempo que el tipo intenta no atragantarse con el par de aspirinas que pretende tomarse de la mano de un expresso doble:
“Exclusiva: Alcalde usaba cine abandonado para streamings del infierno. Por detener demolición de viejo cine y rentarlo para la grabación de cintas snuff y streamings en vivo de red rooms a través de la dark web, el servidor público fue detenido, junto a la incautación de bitcoins producto de 800 mil suscripciones premium. Personas que pidieron permanecer en el anonimato confirman que la nueva administración convertirá el cine en museo, junto a los premios por las cintas snuff ganados en la dark web."-Vaya -exclama el hombre-. Peter Scully debe de estar morado de celos y rabia, reclamando sus regalías. Y Epstein estará retorciéndose en su tumba, por no habérselo propuesto a Harvey Weinstein. ¡Qué #metoo ni qué la chingada!
Todos los derechos reservados.