Cada vez estoy más que seguro que la mal llamada inteligencia artificial jamás podrá desplazar a lo creado / escrito por un ser humano.
Esta entrada fue creada de inicio en una máquina de escribir, pues me gusta la sensación de ocupar ese dispositivo para plasmar en papel, mis pensamientos, obras, escritos, etcétera; y con ese original en mano, utilizar el OCR para digitalizar el texto y pegarlo aquí.
Ajá. Pues no. El OCR está bien pendejo. Es más, está pendejisimo. Entiendo que sea una labor difícil con escritura a mano. Es entendible. Habemos quienes escribimos peor que un médico. Está de la verga. Pero que ni el puto OCR ni los estúpidos LLM puedan hacer en conjunto el trabajo, de un escrito con letra clara y legible de una máquina de escribir, neta vayan a rechingar a su reputa madre.
Dicho lo dicho, esa es la razón por la cual esta entrada está en fotografías, en lugar de una entrada "normal" de blog.
Vayan a la buena verga, chingadas tecnologías culeras pretenciosas.
PD.
Que puta monserga es hacer esta mierda de esta manera desde el puto celular. Cómo la hace de pedo el puto Google. Sala verga.
PPD. El texto original de la entrada está a continuación, porque me queda claro que el objetivo de un blog es leer de manera cómoday de un tirón, el texto que está ahí. Sí, una imagen es un buen toque para ilustrar lo que se trata de decir, pero una imagen con texto, y uno largo, se convertiría en una verdadera monserga / suplicio de leer en una imagen. Dicho lo dicho, aquí está texto:
Entrada de blog.
Feria de remate de libros de CDMX.
12 de abril 2026.
Hace una semana que terminó una feria en Ciudad de México, cuyo propósito fue el remate de libros antes de que fueran sometidos a destrucción por parte de sus respectivas casas editoriales.
De primera instancia, pensé que era algo "bueno", pues así, el gran público (yo incluido, por supuesto) tendría la oportunidad de acercarse con los ejemplares de su preferencia a precios más que razonables. Económicos, para decirlos de forma apropiada.
La promesa fue encontrar precios desde los $10 pesos mexicanos por ejemplar. Y haciendo honor a la verdad, debo decir que en efecto, así fue.
Ese era el precio de "inicio", si sabes a lo que me refiero. Es decir, había libros con precios más elevados pero éstos nunca iguales o superiores a los que podrían encontrarse en una librería física, en condiciones "normales". Hasta ahí, todo parecía ir bien. Y digo parecía, por razones que explicaré a continuación.
Eso nos da en que pensar, si leemos entre líneas.
No encontré el estand de Planeta. Raro, tomado en cuenta su tamaño y presencia dentro del mundo editorial, pero por completo comprensible tomando en cuenta el escándalo que se armó con la obra que algún genio premió en su último concurso literario, pues dicen, los que saben; que dicha obra es mala. Mala, mala, malita (por no decir culera), pero cada quién su opinión. ¿O acaso Planeta es lo suficientemente arrogante y pretenciosa como para establecer "nosotros no tenemos necesidad de participar en ninguna feriesucha cullerilla de remates, debido a que nuestras obras son tan chingonas (ajá) que no necesitamos hacer de esas prácticas unas que debamos ocupar"?... Como dije, cada quién su opinión y ladrillo de ego desde el cual caer. (Ya veremos como les va con las ventas de su último bodrio premiado. Al tiempo.)
Pero ese no es el punto. Basta de darle presencia a Planeta y que se vayan a la chingada. Dejémonos de tanto chorizo y vamos de lleno a la maciza. No más contexto de medio escrito para entender la historia (ver la filosofía y el manifiesto "In Media Res" del blog, arriba)
La mayor parte de mis compras (me hice con siete ejemplares, pagando $500 pesos por ellos -lo que nos dá un promedio de $70 pesos por libro-), fueron en el estand de Penguin. El libro más caro que compré ahí estaba rebajado dos veces: de $249 a $99, según su etiqueta. Al momento de pasar por caja, tuve el último descuento: sólo pagué $70 pesos por un libro de novela negra, tapas blandas y más de 300 páginas... Ahora comprendo las "red flags", pero en ese momento se me hizo un buen trato. Compré otros del mismo género. Es mi favorito.
Continué con mi recorrido por el lugar y di con el estand de una editorial independiente (a estas alturas en México, todas las editoriales que no
formen parte de PRH, Planeta u Océano son independientes) que se dedica en su mayoría a publicar poesía. Ese no es un género que ni disfrute en demasía, ni mi favorito. Pero tomando en cuenta que comencé a consumirla de la mano del cabrón de Bukowski, pues bueno, tuve que darle la oportunidad. Ahí me hice con otros tres ejemplares: uno con temática de la noche y las cantinas, otro de porno amateur (ardo en ganas de leerlo y ver cómo está escrito para odiarlo y aventarlo lejos a la verga, o amarlo y hacerlo mi favorito) y el último con historias de taxistas de la ciudad capital (se me figura la canción de Ricardo Arjona "Historias de taxista" pero sin la melaza y la cursilería). También tengo ganas de ver cómo está.
El último libro lo compré en el estand de Océano. Solo uno. Es la historia que derivó en la serie de Amazon Prime de "Veronica Mars". Y tomando en cuenta que las historias de los libros siempre son superiores a las adaptaciones en la pantalla chica o grande, pues bueno, es cierto tipo de garantía de que la historia me gustará. Solo espero que sea un poco más noir.
Hasta ahí, todo bien. Las cosas se comenzaron a torcer cuando comencé a
leer un poemario y el libro de doble descuento de Penguin (que obvio no
diré ni título ni autor. No someteré a quienes me leen a buscar, encontrar y sufrir la forma de escribir de ese señor). Aquí es la parte en donde explico las dobles "red flags". Es decir. Uno: el libro se vendió en una feria de remates. ¿Qué significa eso? Que no se vendió en librerías y por eso debió ser rematado. Dos. ¿Por qué razón un libro que ya está
en una feria de remates debió de aplicársele otro descuento adicional?...
Pues porque un buen libro, bien escrito con historia atrapante, que se vendió bien en librerías, NO ES EL QUE COMPRÉ (sí, es sarcasmo).
Y sí. La lectura de esta cosa es la confirmación a las dos preguntas anteriores. Y aquí es donde aparece la pregunta obvia: ¿pues qué esperabas
por $70 pesos, si los libros en las librerías están entre $250 y $300 pesos y de ahí no bajan?
Eso no quiere decir que los libros económicos sean malos, solo que los
de doble rebaja están de la verga. Y como si eso no fuera suficiente, Bernardo Fernández "Bef" (otrora autor favorito y amado mío), "colaboró"
con el autor del libro que genera el presente. Eso explica por qué los diálogos planos y vacuos de los personajes de la trama son una calca de
los de aquel.
Resultado: decepción y desilusión a partes iguales, y la confirmación de la desaprobación hacia Bef.
No continuaré perdiendo mi tiempo con estos weyes. No valen la pena, excepto el tic tac de mi máquina de escribir al tipear el presente. Eso es una gozada, el paraíso en la tierra para un escritor
chingón, de la vieja escuela. A la verga.
Ya para concluir, como colofón. En dicha feria estaría presente mi autora favorita de erótico. La idea era conocerla (verla en persona, quiero decir), comprar las obras a las que ya les tenía echado el ojo y, con suerte, pedirle que me autografiara uno de ellos. Yo ya sabía que ahí estaría, pues así lo hizo saber al público desde su cuenta en redes sociales.
Spoiler alert: no conozcan nunca a sus "héroes".
Encontré su estand, y fueron dos cosas que no me hicieron gracia: Uno. Sus obras son libros de tamaño reducido, casi de bolsillo, podría decir; lo que no tiene nada de malo, excepto... que el precio por ellos es el mismo que en su página de internet, distribuidores de libros electrónicos y librerías. Entonces, ¿qué hace en una feria de remates Carece de sentido. Dos. A mí no me agradó que un cabrón barbudo y calvo le estuviera agarrando la pierna a la vista de todos. Igual y era su pareja o su "free"
en curso. Ese no es el punto. El punto es que a mí no me gustó que estuviera haciendo eso, a manos de ese cabrón; lo que, de nueva cuenta, no tiene sentido, ya que ella no es mi pareja, no me la estoy tirando, no tenemos pacto de fidelidad ni exclusividad y, para rematar, ni siquiera sabe que existo: todo mal.
Pero ese no es el punto. El punto es que para mí fue real, y así se quedó, al igual que los sentimientos y sensaciones del momento. (¿Así o más drama pendejo a su vida, mi amigo?) Vale verga.
Por supuesto, lo expresado aquí no es verdad absoluta, ni pretendo hacerte
cambiar de opinión, solo es el punto de vista de este viejo cabrón. ALV.


