A Elizabeth se le vé muy contenta con su nuevo amor. Jamás la había visto así, ni siquiera cuando estaba conmigo. ¡Ay dolor! Sé que retomó sus estudios de artes escénicas. Eso lo explica todo. Ya era una gran actríz y lo será ahora aún más… Vaya, los “te amo”, “no me olvides” y todo lo que me dijo, fueron producto de un perfecto desempeño actoral, al igual que las veces que hicimos el amor. Porque con ella no tuve sexo. Con ella hice EL amor. O eso creí. Pendejo de mí.
***
Dentro de la agencia he podido convivir con gente que tiene que ver con grandes medios de comunicación, digitales y tradicionales, así como de grandes marcas comerciales de lo más variado. Hoy día, aunque haya muchos que piensen lo contrario, la radio desempeña aún un papel fundamental. Las sempiternas ondas radiales se niegan a desaparecer en favor de los bits y bytes sin continuar dando pelea. Esa es la razón por la cual después de discutir su cuenta con los jefazos, un compa locutor de una estación de radio, buen amigo de peda y putas, me compartió un pequeño listado con los datos de contacto de algunas chicas que se habían inscrito en una dinámica que organizó la estación. Solo era cuestión de llamarlas y saber cuál de ellas podría al menos, intentar; hacerme olvidar a Elizabeth. Y así lo hice.
Después de dejar mensajes en varios buzones y recibir algunas mentadas de madre, quedé de reunirme con una chica de nombre Angélica para salir a un bar y comer(nos). Cuando la tuve frente a mí y me cercioré que en efecto era ella, no podía creer mi buena suerte. La chica era un ángel en la tierra. No era bonita de rostro, pero tenía una sonrisa pícara y grandes ojos expresivos. Delgada, de pechos pequeños, pero de nalga y cadera generosa. Ya sabes, redondo lo redondo y firme lo que debe de ir firme. Su cabello rizado lucía un corte del tipo “príncipe valiente” --a mí no me gusta--, mismo que pasé por alto tomando en cuenta su hermosa anatomía. Comimos, bebimos y nos metimos mano. Sólo un caldo, un faje, para saber si besaba rico. Y lo hacía. La segunda vez que salimos, no importó que tan buenota estuviera. La erección que tuve pensando lo que haría con ella desapareció cuando llegué a su casa a recogerla en mi auto --el "Lincon-pleto", también conocido como el “bote pateado”, un Chrysler Shadow austero (obvio) 1989. Lo que tenía el auto de madreado, lo compensaba con un buen equipo de sonido-- y me dijo con rostro serio que su mamá “quería hablar conmigo”.
--¿Cuántos años tienes, Angélica? -le pregunté, con el ceño fruncido mientras sentía que algo se moría en mi entrepierna.
--25 -respondió.
Entré a su casa y me encontré con la típica casa de una familia conservadora heteropatriarcal wanna-be: retratos de los XV años de Angélica, con una enorme --y falsa-- sonrisa en su rostro, colgados en todas las paredes, un gran comedor imitación estilo Luis XV y una sala con los sillones forrados de plástico.
--25 -respondió.
Entré a su casa y me encontré con la típica casa de una familia conservadora heteropatriarcal wanna-be: retratos de los XV años de Angélica, con una enorme --y falsa-- sonrisa en su rostro, colgados en todas las paredes, un gran comedor imitación estilo Luis XV y una sala con los sillones forrados de plástico.
<<¿Dónde mierda me vine a meter?>>
La señora estaba sentada en la sala, viendo las telenovelas y tejiendo una carpeta en punto de cruz. “Un derecho, un revés”, repetía a manera de interminable mantra.
--Mamá, aquí está Javier.
La señora dejó de hacer lo que hacía, apagó la tv con el control remoto y se quitó los lentes. Se acomodó en el sillón, haciendo ese característico ruido al frotar plástico con las nalgas y me dijo:
--Te escucho.
<<¿Te escucho? ¿Qué putas sucede aquí? ¿Qué no era ella la que quería hablar conmigo?>>
Después de algunos segundos que se me hicieron eternos, volteé hacia Angélica y le puse cara de guadafac.
--Mamá, lo que quiere Javier es pedirte permiso para que lo dejes ser mi novio.
<<Khaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…>>
Sin esperar respuesta alguna, saqué mi trasero de ahí, me subí a mi auto, fuí con mi compa de la estación de radio, le partí su madre por haberme dado los datos de esa loca y después nos fuimos de peda y putas a una casa de citas swinger.
A la mañana siguiente, traté en vano de recordar qué tan chingón había estado el guateque. Creí que de poca madre, pues terminé con la espalda arañada, brillitos de maquillaje y bilé rojo cereza en mi calzón, sabor a cenicero, una cruda monumental y una jeringa con un mensaje de mi compa que decía “wey, consiguete otras 11 de éstas para que no se te caiga el pito”.