Razones por las que yo, Javier Pedroza, escribo

Estoy sentado en una de las ajadas y desgastadas mesas del bar “Garganta de Lata”. Se respira -literalmente- un ambiente pútrido, rancio; con olor a sudor, orines y cierto picor dulzón a mota. Quiero ocupar este tiempo de una manera “productiva” (se siente raro escribir este tipo de palabras “grandilocuentes”, chale… pinches mamadas), pues estoy esperando a que los ánimos se tranquilicen un poco, ya que se armó una pinche trifulca del tipo “chamacos pendejos de secundaria: tu salón contra el mío porque se atrevieron a ‘mamasear’ a nuestras chicas”, justo antes de que subiera al escenario a leer mis poemas y cuentos. Tengo que cabecear sin parar para evitar que los misiles teledirigidos en forma de sillas, botellas, ceniceros y cuanta madre, me hagan un ojal en el coco.
 
Pero más allá de eso, más allá del caos cotidiano, es otra la razón que me hace querer tomar papel y lápiz y escribir: es la necesidad de sacar de adentro esa pinche furia que te quema: escribir para contar, escribir para crecer, escribir para desahogar, escribir para vivir, escribir para no morir. Escribir para saciar la comezón que solo puede curarse arrastrando el lápiz, sin importar lo que salga de tu ser, o como salga, o si a alguien le importa o le vale cinco kilos de clítoris (¿Cuántos clítoris se necesitarán para juntar cinco kilos?)
 
Escribo de lo que conozco, de lo que me gustaría conocer. Manipulo la realidad para hacer que ésta encuadre en la narrativa. Esas son las razones por las cuales vomito letras de “mi” realidad sucia y poesía oscura, ya que ambas son partes del mundo: del mío, del tuyo, del de todos. Tengo sentimientos, pensamientos, cosas que me encabronan y cosas que no me importan. El detalle es que ya entendí que no puedo seguir callando solo para no “incomodar a los demás” con mi opinión. No es sano ir por la vida con décadas de ira reprimida sobre la espalda, cual Pípila moderno, embriagado de ansias de aceptación externa, queriendo quedar bien con todos. Habrá a quien le guste lo que salga de mi tintero, habrá a quienes no. Y está bien, es parte de la vida entender y aceptar eso. Pero seré yo mismo, seré auténtico. Lo que ves es lo que hay, sin pretensiones de lo que no es y nunca será.
 
Pienso rápido, hablo rápido y escribo rápido. Mi prosa y poesía son el equivalente literario a:
 
  • Aventarte de cabeza a la alberca, vestido, pedo, a las tres de la mañana, en un día hábil, mientras la policía aporrea la puerta de la casa con una orden de “cese y desista”, en donde el hijo, aprovechando la ausencia de sus padres, hizo una fiestecita que se ha salido de control.
  • Despertarte a una hora indeterminada, con una resaca cabrona y culera de los mil demonios porque te embriagaste de “realidad”; la tuya, la única que conoces del mundo que te rodea. Del real.
  • Ir una y otra vez a un trabajo pinche, que te caga el alma, pero que lo haces porque no hay de otra, porque es eso o no comer; cual Sísifo.
  • Observar a las chicas bonitas que te rodean, verlas acercarse a ti, con una hermosa sonrisa en el rostro, que las hace ver cual diosas griegas; para pasar de largo porque eres un pelagatos al que ninguna de ellas hace caso, debido a que siempre hay un cabrón más “carita”, verboso o con baro que tú. O simplemente porque eres un cero a la izquierda para las mujeres. (A todos nos ha pasado, no te hagas pendejo. Al menos con la chica que a ti te gusta, sin importarte que haya otras interesadas en ti. Tu estás enculado con “esa” chica que no te pela, por solo dios sabe la razón.)
 
La vida no tiene instructivo. Nunca lo ha tenido y nunca lo tendrá. Y está bien. Esa es la razón por la que los escritores existimos: para ayudarnos a (sobre)vivir la vida, la existencia, el universo; a quienes no les importamos si estamos o no; vida a la que ninguno de nosotros pidió venir, pero que aquí estamos ya.
 
Entonces:
 
Pásala bien, pórtate mal y niégalo todo.
No hagas nada que no haría yo.
 
Si estás en una situación jodida, que te rebasa; detente, respira hondo y piensa: "¿Qué haría el cabrón de Javier Pedroza?", y haz justo lo opuesto; por que Javier Pedroza, sólo yo.